A ver si esta vez afinan. Nuestros políticos tienen la oportunidad que durante mucho tiempo, motivado por mayorías absolutas, han venido desaprovechando, la de sentarse y ponerse de acuerdo en lo que realmente la sociedad necesita, mirar por el bien común de los ciudadanos y no por intereses partidistas. No hay más que ver el desencanto de la sociedad. Solo hay que asomarse a la calle y observar los rostros de desilusión de la gente. Para muchas personas este es un camino a ninguna parte, a la monotonía, a lo mismo de siempre. Supongo que en muchos casos puede tratare de burnout o síndrome del quemado, para muchos ciudadanos, es el reflejo de esperpentismo político y social en el que los casos de corrupción, la inactividad política para resolver los problemas de los ciudadanos y la crisis nos han dejado inmersos. El miedo ha hecho acto de presencia y se ha apoderado de las ilusiones de la gente.

A lo largo de mi trayectoria profesional me he encontrado con personas de diferentes condiciones sociales y económicas, y todas desilusionadas,  desde ejecutivos que han dedicado toda su vida a su empresa y ahora con cincuenta años o más se encuentran en la calle por la crisis, sin familia por haber antepuesto su profesión a su vida personal, sin amigos y acabados profesionalmente por su edad, en este país a partir de cierta edad dejas de ser atractivo para las empresas,  a jóvenes más que sobradamente preparados académicamente a los que no se les brinda ninguna oportunidad laboral. Se trata de los eternos becarios que pasan de empresa en empresa y de beca en beca.

Durante mucho tiempo he escuchado decir a nuestros jóvenes frases como que los treinta de ahora son los veinte de antes, en un intento de justificar la situación personal y económica en la que se ven inmersos. Nuestro jóvenes dependen más que nunca de sus progenitores y no es de extrañar por las escasas o nulas oportunidades que se les ofrece laboralmente. En innumerables ocasiones me he encontrado con becarios de treinta años. Lo triste es que además se les hace pasar por un proceso de selección donde uno de los factores determinantes a la hora de ser seleccionados es la experiencia previa. Vamos un disparate, el empresario se vale de la crisis para exigir mucho y dar poco, amparado por la clase política que actúa de la misma forma con la sociedad. Por supuesto que no tengo que decir que en la mayoría de los casos son becas no remuneradas  y con suerte consiguen una ayuda al estudio. A favor de la administración hay que decir que al menos ahora cotizan. En este caso no creo que sea culpa de los convenios entre universidades y empresas sino más bien del poco interés del legislador por subsanar esta situación que se ha convertido para muchas empresas en una forma fácil de obtener mano de obra barata y altamente cualificada.

Algunos de estos jóvenes finalmente consiguen un puesto de trabajo, pero generalmente no guarda relación con su formación, experiencia o cualificación. Otros, desilusionados con las perspectivas que este país les ofrece se marchan al extranjero, algo lamentable teniendo en cuenta los que pueden aportar a la sociedad y los recursos que ésta ha empleado para formarlos.

En innumerables ocasiones nos han dicho que necesitamos aumentar los índices de natalidad y que va a ser imposible mantener las pensiones y el sistema de la seguridad social si la tendencia no cambia, pero cuando miro al mi alrededor veo de nuevo que la teoría del legislador y la realidad van por cauces diferentes.

Es imposible la conciliación laboral en este país. En la mayoría de las empresas se sigue estigmatizando a la mujer embarazada ya que para los empresarios son sinónimo de baja productividad, absentismo laboral, etc, aunque la ley protege a la mujer en esta situación, la verdad es que las colas del inem están llenas de casos de mujeres que tras quedarse embarazadas han sido invitadas a dejar sus puestos de trabajo, en algunos casos de una manera más amable que en otros. Para aquellas que superan este primer obstáculo, llegan los horarios de las empresas que priman el presentismo a la productividad y que hacen casi imposible trabajar y criar hijos. Otra vez el legislador en un mal intento de protección ofrece a la trabajadora la reducción de jornada por custodia de un menor. Se trata de un mecanismo de defensa con trampa, ya que la mujer se encuentra con un empresario al que la ley le obliga a aceptar esta situación que trastoca su organización, a la vez que ella ve cómo se reducen sus ingresos , con los que tiene que hacer frente a los costes disparatados de las guarderías.  Lo que provoca que en España tener un hijo sea un indicador de pobreza, cosa que evidentemente en otros países no pasa.

Aunque dejo muchas cuestiones sin tratar sobre las innumerables mejoras laborales que necesitamos, estos son algunos supuestos que reflejan un inquietante futuro para los ciudadanos y es hora de que nuestros políticos se pongan a la altura de las circunstancias, dejar los fantasmas del pasado y del futuro y practicar el mindfulness político, para centrarse en un presente mejorable para la mayoría de nosotros. Las soluciones tienen que llegar ya y deben generar ilusión, porque como decía Michel de Montaigne “mi vida ha estado llena de terribles desgracias, la mayoría de las cuales no sucedieron” y es que no necesitamos que nos amenacen con las desgracias que traerán los que están por llegar, lo que realmente necesitamos es que arreglen las que ahora tenemos. Difícil lo veo.